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El Poder de la Verdad


Es mejor decir la verdad a tiempo a que el tiempo diga la verdad. 

 

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En nuestra cultura decir la verdad genera miedo. Tememos ser rechazados, descalificados, desaprobados y juzgados. Es por esto que muchas veces adornamos un mensaje, le damos vueltas o simplemente lo evadimos, para cuidarnos, postergando conversaciones poderosas que podrían cambiar nuestra vida.

El efecto de no decir la verdad o no decirla completa, retrasa el aprendizaje de los otros y el nuestro propio, porque creemos que al blindarnos vamos a estar protegidos, sin embargo los aspectos no expresados pueden generar suposiciones,  interpretaciones o errores que afectan las relaciones y nuestro bienestar emocional.

No enfrentar los conflictos interpersonales,  las equivocaciones  y no preguntar a tiempo son los principales actos de silencio dañinos para las organizaciones, porque no les permiten ver que aspectos están estancados, deben trabajarse, renovarse o van por mal camino.

A las organizaciones les falta tener más  momentos de verdad donde puedan construir relaciones sinceras que generen reflexión, consciencia y cambio. Espacios donde cada uno pueda exponer sus ideas, sus preocupaciones y sus emociones, evidenciando oportunidades de mejora y fortaleciendo los vínculos de confianza. Para esto tenemos que aprender a comunicarnos en doble vía, a poder expresar no sólo lo que pensamos sino lo que sentimos, necesitamos reconocer nuestra vulnerabilidad humana y ver los errores como aprendizajes y aprender a recibir la verdad del otro, a agradecerla y a tomarla como una oportunidad de crecimiento.

¿Cómo hacerlo?

1. La intención.
Es importante tener claro cuál es la intención detrás de cada mensaje que emitimos.
Si se busca destruir y no construir, lo mas probable es que no se esté siendo del todo sincero y no se esté reconociendo alguna emoción básica como lo es el  miedo, la  tristeza o la rabia. Se debe  empezar por ahí.
Al reconocer las emociones y necesidades personales se genera mayor disposición y escucha.
2. La responsabilidad
A veces creemos que decir la verdad es echarle la culpa al otro eximiéndonos de la responsabilidad de lo que nos pasa o nos molesta.
Debemos exponer los hechos o datos sin juicios y reconociendo las interpretaciones :
Empezar con:
‘Yo me siento’ ‘para mi es importante’ ‘ me sentí’ ‘me parece’ ‘ yo
Necesito’
Usar este modelo Puede servir para tomar consciencia y hacerse cargo.
Situación + Interpretación + Emoción
Ejemplo: Ayer llegaste tarde + Mi interpretación es que no te interesa este tema+ me siento preocupado.
3. El momento
No todos los momentos son adecuados para decir la verdad, si es un tema personal o una retroalimentación individual se debe trabajar en privado y buscar un espacio dispuesto para hablarlo.
4. La forma
Si la intención es constructiva seguramente la forma también lo será. Es importante tener en cuenta el tono de voz, escoger las palabras adecuadas y que la comunicación no verbal sea coherente con lo que se quiere expresar, mostrando siempre respeto por el otro.
5. Validar
Las suposiciones  pueden generar una actitud a la defensiva y alejarnos de la comunicación auténtica, es por esto que no debemos dar nada por obvio y validar nuestras suposiciones e interpretaciones. Haciendo preguntas claves cómo:
¿Qué piensas al respecto? ¿Cómo te sientes? ¿Cuál es tu posición? ¿Cuál es tu interpretación? ¿Cómo te sientes al respecto?  ¿Qué crees que deberíamos hacer? ¿Qué necesitas de mi parte para poder hacerlo?

Al ser más conscientes de las necesidades personales y de la manera como nos comunicamos, podemos generar relaciones más auténticas y cercanas con los otros, permitiéndole a las organizaciones aumentar la confianza y generar cambios individuales y de equipo que impacten positivamente los resultados y el clima organizacional.

Carolina Vargas C

Hacerse Cargo

Imagen 1Por: Carolina Vargas, Coach Existencial, Gestaltista y Consultora Organizacional.

Hemos oído hablar tanto de la responsabilidad que parece algo obvio y dado por hecho.

Sin embargo, asumir nuestra responsabilidad no es una tarea fácil, implica mucha consciencia, constancia y valentía.

La palabra responsabilidad proviene del término latino responsum (responder) por lo que en español se traduce como la habilidad de dar respuesta o la capacidad de responder. Tiene que ver con que tan preparados estamos para asumir realmente los desafíos diarios, como enfrentamos cada situación difícil que atravesamos y como respondemos a las preguntas de la vida.

La responsabilidad es una actitud, es la capacidad de reconocernos como seres imperfectos y con un potencial ilimitado por descubrir. Es ser conscientes de la ley de `causa y efecto´ en nuestra vida donde todas nuestras acciones por insignificantes que parezcan tienen un resultado. Responsabilidad significa no buscar excusas afuera  sino propósitos adentro, es comprometernos con buscar siempre nuestra mejor versión, haciéndonos cargo de nuestras decisiones y nuestros actos.

Cuando asumimos nuestra responsabilidad frente a la vida, dejamos de entregarle nuestro poder a los otros para asumir el propio, dejamos de preguntarnos el por qué y empezamos a entender el para qué, dejamos de buscar y empezamos a encontrar, dejamos de sentirnos culpables y empezamos a sentir la confianza que habita en nosotros, dejamos de sentirnos incompletos para aceptarnos y reconocernos únicos y valiosos.

Asumir nuestra vida con responsabilidad nos permite aprender de cada situación, desarrollar todos nuestros talentos, cumplir nuestros sueños, disminuir la ansiedad y mejorar las relaciones con los demás.

Tomar una actitud responsable y no de víctimas frente a nuestro trabajo nos permite vivirlo con un mayor propósito, aumentando nuestra motivación, compromiso y desempeño.

Al entender que las otras personas son un espejo de nosotros mismos, de nuestros miedos, culpas, frustraciones y tristezas, podemos ampliar nuestra capacidad de vernos  y la compasión frente al otro, aumentando la consciencia y la empatía.

Para hacernos responsables necesitamos abandonar los comportamientos cómodos basados en juicios y culpas hacia nosotros mismos  y hacia los demás; cambiándolos por comportamientos donde aceptamos la incomodidad de nuestras emociones, reconociendo  los errores y los aprendizajes que nos llevarán a desarrollar nuestro mayor potencial empezando a construir la vida que soñamos.

 

El poder que no ves

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Por: Carolina Vargas, Consultora Organizacional y Coach Existencial

 

Siempre hemos pensado que nuestro mayor temor es enfrentar nuestra sombra, entrar en nuestro dolor y reconocer nuestros miedos. Sin embargo nuestro mayor temor no es enfrentar nuestra sombra, esa ya la conocemos . Realmente nuestro mayor temor está en nuestra parte más luminosa está en reconocer nuestro potencial, nuestra grandeza, nuestra esencia pura.

Detrás del miedo está nuestro gran temor, el vivir en libertad atravesando las creencias que no nos permiten ser quienes realmente somos. Detrás del miedo está eso que siempre hemos anhelado y que al mismo tiempo rechazamos constantemente. Queremos ser aceptados y no nos aceptamos, queremos ser reconocidos y no nos reconocemos, queremos ser valorados pero no nos valoramos y vivimos rechazando permanentemente nuestra esencia. Nos acostumbramos a vivir en nuestra zona conocida donde la incomodidad es tan permanente que  parece cómoda.

Nuestra envidia es la negación de la luz del otro, el reflejo de la nuestra, que si realmente la apreciáramos no tendríamos la necesidad constante de competir porque entenderíamos que somos completos, que nadie es más ni menos, que nuestro brillo no se alimenta de afuera sino que está en nosotros y solo se expande cuando lo alimentamos desde adentro.

Si tan solo aceptáramos eso que somos por naturaleza, que hemos olvidado creyendo que necesitamos aprender a vivir, cuando lo que realmente necesitamos es vivir sin necesidad de adaptarnos a los moldes y los esquemas pensando que nos conectan con el mundo cuando nos desconectan del nuestro, la humanidad.

Lo que necesitamos es creer que somos mucho más de lo que hemos creído y que podemos llegar más allá de lo que conocemos. Lo que necesitamos es desaprender sobre lo que es vivir y lanzarnos a la experiencia del vacío fértil. Lo que necesitamos es dejar de necesitar para empezar a ser con todo lo que somos, un todo lleno de posibilidades. Lo que necesitamos es atravesar nuestro mayor temor y encontrarnos con nuestra luz, reconocerla, aceptarla y permitirle que crezca. Con amor, confianza y agradecimiento. Así, solo así, podremos evolucionar y empezar a reconocer todas las luces encerradas que brillan en cada uno de nosotros.

 

 

5 hábitos que desarrollan tu mejor versión

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Por: Carolina Vargas,  Coach Existencial y Consultora Organizacional de Mejor Versión.

Estos son 5 conceptos que en mi experiencia personal  me han servido para aumentar el sentido de vida y desarrollar mi potencial.  Te recomiendo ponerlos en práctica hasta que los conviertas en hábitos.

  1. Aceptar:

Cuando te resistes a aceptar algo de ti que no te gusta, generas una tensión que no te permite fluir ni vivir en armonía con tu esencia. Por esto al aceptar la tristeza, la rabia, el miedo, los errores y todo lo que te genera incomodidad puedes aprender más acerca de ti mismo(a), entendiendo las creencias arraigadas que te generan ese malestar y el potencial oculto detrás de estás sensaciones que siempre te llevarán a otro nivel de consciencia.

 “No es posible cambiar algo a menos que lo aceptemos”. Carl Jung

  1. Agradecer:

Cuando te enfocas en las razones para agradecer te conectas con la actitud de merecimiento que aumenta el sentido de vida y la posibilidad de disfrutar el presente soltando las expectativas del futuro. Agradece el poder respirar, la salud, el trabajo, la compañía, la música, los atardeceres, todo lo que te regala Dios permanentemente.

 “Reconocer el bien que ya hay en tu vida, es el fundamento de toda la abundancia”’ Eckhart Tolle

  1. Actitud: 

La realidad la creas de acuerdo a la percepción que tengas de ella. La única manera de cambiar tu vida es cambiando la forma de verla.  Aprender a reconocer cada situación como un aprendizaje y cómo una oportunidad de crecer. Enfocarte siempre en las ganancias y no en la pérdidas. Ser consciente de los juicios negativos que hacen parte de tus hábitos de comunicación y cambiarlos por positivos.       

 “La última de las libertades humanas es elegir nuestra propia actitud ante cualquier circunstancia” Viktor Frankl

  1. Asumir la responsabilidad:

Responsabilidad significa la habilidad de dar respuesta. Cuando te haces cargo de tus acciones y sabes responder a cualquier situación siendo consciente de que cada acción y decisión que tomas depende solo de ti y nadie más, puedes expandirte a nuevas posibilidades de creación. La única forma de desarrollar tu mejor versión es hacerte responsable de tu felicidad y no ser una  víctima del destino.

 “El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda; conoce el porqué de su existencia y podrá soportar casi cualquier cómo”.  Viktor Frankl

      5. Arriesgarse:

El miedo en muchas ocasiones termina siendo el mayor obstáculo para desarrollar tu mayor potencial. La única forma de enfrentarlo es no tenerle miedo y dejarte llevar por la intuición, que alineada con tu propósito te llevará más lejos de donde quieres llegar.

“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”. George Addair

 

 

 

Liderar con Valor

 

Por: Carolina Vargas, consultora de Mejor Versión

 
Desarrollar líderes comprometidos y que generen valor en las organizaciones es el principal desafío de hoy.
La inestabilidad laboral, sumada con pobres remuneraciones y climas organizacionales impositivos no permiten el crecimiento de líderes inspiradores.
Es una realidad que el mundo organizacional cambio. Hoy en día encontrar empresas con índices de rotación bajos es casi una utopía. Hallar empleados apasionados, dedicados y responsables es cada vez más un desafío de las organizaciones y su costo cada vez es mayor.
La solución, mirar adentro y cambiar. Aprender de los empleados, escucharlos, entenderlos y darles oportunidades de crecimiento no sólo a nivel salarial sino a nivel emocional, personal y laboral.
¿Cómo llegar a eso? Entendiendo cuáles son los valores de la organización pero no sólo aquellos que están escritos en un papel, sino esos valores que han sido heredados por generaciones e influyen en las relaciones y la reputación de la empresa y transmitirlos diariamente a través del ejemplo.
Entender que no es negociable y que comportamientos ya son viciosos y no generan valor y tomar acción.

Darle mayor importancia a las relaciones interpersonales, abriendo espacios de comunicación abierta y propositiva que permitan desarrollar el talento en pro del desempeño.
Los líderes necesitan encontrar un sentido, saber que su día a día tiene un fin más allá que el de solo producir resultados, necesitan saber que su aporte es valorado y reconocido y que están dejando huella.
Asumir la responsabilidad del liderazgo no es para todos, es igual de grande al de la paternidad, es reconocer las necesidades individuales del equipo y saber responder asertivamente a cada una de ellas, es saber identificar el potencial de cada persona y acompañarla en su camino de crecimiento, encaminándola en coherencia con los objetivos de la organización.
Liderar es asumir el compromiso con el desarrollo de otros, dejando muchas veces a un lado las necesidades propias por las del equipo y para eso se necesita valor. Inspirar a otros, acompañarlos, enseñarlos y prepararse para que que cuando crezcan no decidan irse sino quedarse para aportar todo lo que han aprendido.
El líder que se queda es ese que se enamoró de la empresa, que agradece lo que le enseñaron, pero a la vez el que se siente valorado y retado a ser cada vez mejor.
El líder que aporta valor es aquel que responde a los objetivos organizacionales con un mayor sentido y compromiso, ya que reconoce en su rol una responsabilidad mayor, la de desarrollar a otros, y la de la satisfacción personal de que su legado permanezca en el tiempo.

 

 

 

 

 

“Desarrollar la mejor versión es tener la capacidad de conectarse emocionalmente, actuar con pasión  y  desarrollar competencias técnicas y del ser que permitan generar valor dentro de la organización”