El poder que no ves

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Por: Carolina Vargas, Consultora Organizacional y Coach Existencial

 

Siempre hemos pensado que nuestro mayor temor es enfrentar nuestra sombra, entrar en nuestro dolor y reconocer nuestros miedos. Sin embargo nuestro mayor temor no es enfrentar nuestra sombra, esa ya la conocemos . Realmente nuestro mayor temor está en nuestra parte más luminosa está en reconocer nuestro potencial, nuestra grandeza, nuestra esencia pura.

Detrás del miedo está nuestro gran temor, el vivir en libertad atravesando las creencias que no nos permiten ser quienes realmente somos. Detrás del miedo está eso que siempre hemos anhelado y que al mismo tiempo rechazamos constantemente. Queremos ser aceptados y no nos aceptamos, queremos ser reconocidos y no nos reconocemos, queremos ser valorados pero no nos valoramos y vivimos rechazando permanentemente nuestra esencia. Nos acostumbramos a vivir en nuestra zona conocida donde la incomodidad es tan permanente que  parece cómoda.

Nuestra envidia es la negación de la luz del otro, el reflejo de la nuestra, que si realmente la apreciáramos no tendríamos la necesidad constante de competir porque entenderíamos que somos completos, que nadie es más ni menos, que nuestro brillo no se alimenta de afuera sino que está en nosotros y solo se expande cuando lo alimentamos desde adentro.

Si tan solo aceptáramos eso que somos por naturaleza, que hemos olvidado creyendo que necesitamos aprender a vivir, cuando lo que realmente necesitamos es vivir sin necesidad de adaptarnos a los moldes y los esquemas pensando que nos conectan con el mundo cuando nos desconectan del nuestro, la humanidad.

Lo que necesitamos es creer que somos mucho más de lo que hemos creído y que podemos llegar más allá de lo que conocemos. Lo que necesitamos es desaprender sobre lo que es vivir y lanzarnos a la experiencia del vacío fértil. Lo que necesitamos es dejar de necesitar para empezar a ser con todo lo que somos, un todo lleno de posibilidades. Lo que necesitamos es atravesar nuestro mayor temor y encontrarnos con nuestra luz, reconocerla, aceptarla y permitirle que crezca. Con amor, confianza y agradecimiento. Así, solo así, podremos evolucionar y empezar a reconocer todas las luces encerradas que brillan en cada uno de nosotros.

 

 

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